15
Abr
08

Un año más de resistencia venezolana contra la guerra mediática

*Lectura recomendada*

Contra la razón mediática

Un año más de resistencia venezolana contra la guerra mediática

La recuperación del poder por parte del pueblo en Venezuela fue un hecho singular y clarificador que no ha sido suficientemente estudiado. El 11 de abril del 2002 los medios de comunicación y los empresarios dirigieron un golpe contra la legalidad democrática y fue la voluntad expresada en las calles de Venezuela la que recuperó, el 13 de abril, el poder para el pueblo.

La calle, como dice Atilio Borón, “esa metáfora tan amenazante para las democracias liberales”, se convirtió en Venezuela en la salvaguarda de la democracia pero también, enseñó a los venezolanos y a otros pueblos latinoamericanos que, para que se diera una verdadera democracia no bastaba con ganar las urnas, -no bastó en el 73 en Chile y tampoco en España en el 36-.

Pero también hubo otras enseñanzas que me parecen particularmente importantes para los movimientos de izquierdas de nuestro país y que podríamos resumir con las siguientes proposiciones:

  • Que los medios de comunicación no son la base y la garantía de los sistemas democráticos sino los más firmes aliados del capitalismo.
  • Que la batalla contra los medios de comunicación es una de las más importantes a favor de la democracia.
  • Que esta batalla no se puede librar sólo desde los medios o con medios alternativos.

Más allá de la manipulación mediática. La razón mediática

En teoría política hay autores que defienden la diferenciación entre los sistemas representativos y la democracia (Manin); otros que consideran que, desde su origen, las democracias liberales fueron el resultado de procesos de exclusión del pueblo de la política, o sistemas que fueron contra las mayorías (Gargarella; Hermes) [1].
Los sistemas representativos surgieron con las revoluciones británica, estadounidense y francesa. En origen, estas revoluciones no tomaron como modelo la democracia clásica griega. Se trataba de construir naciones grandes y ricas que reflejaran en lo político lo que se estaba dando en lo económico (el capitalismo), esto fue especialmente así en EEUU, Madison, uno de los padres fundadores de la nación sostenía que la democracia era un peligro para los derechos individuales y abogaba por la democracia representativa (a la que llama república) para proteger a la libertad individual de las mayorías, es decir, para evitar que las mayorías pobres fueran las que gobernaran

“las democracias siempre han sido incompatibles con la seguridad personal o el derecho a la propiedad; y han sido, en general, tan cortas en su vida como violentas en su muerte” [2].

Otro de estos ilustres políticos estadounidenses que sentaron las bases de la nación, Jay, sostenía que el pueblo debía ser excluido del gobierno si no se quería caer en el caos. El pueblo en general, decían, no está capacitado para saber lo que le conviene.

Curiosamente, a pesar de este desprecio manifiesto a la democracia como sistema político ya que era visto como el sistema que daba poder a las mayorías y permitía el autogobierno del pueblo; a pesar de estas consideraciones sobre la democracia, resulta que a partir del siglo XIX todos los sistemas representativos empiezan a designarse así mismos como democracias [3]. Esto ha sido así hasta nuestros días donde todos los sistemas políticos se autocalifican como democracias. Dirá John. Dunn “hoy todos somos democráticos”, “la teoría democrática es el esperanto moral del actual sistema de Estados nacionales; la jerga pública del mundo moderno. Una moneda en verdad de dudoso valor, que sólo un completo imbécil aceptaría por su valor nominal y tomaría al pie de la letra” “En la actualidad es el nombre que se da a las buenas intenciones de los Estados, o quizá a las buenas intenciones que a sus gobernantes les gustaría hacernos creer que poseen” [4].

Los sistemas representativos usurparon el nombre de democracia que dejó de ser el “gobierno del pueblo”, o de las mayorías, o como diría Aristóteles “de los pobres”. Dice Aristóteles “No hay democracia allí donde cierto número de hombres libres que están en minoría mandan sobre una multitud que no goza de libertad” […] Tampoco hay democracia cuando la soberanía reside en los ricos, ni aun suponiendo que al mismo tiempo estén en mayoría, […] No hay verdadera democracia sino allí donde los hombres libres, pero pobres, forman la mayoría y son soberanos” [5]. El proceso de usurpación por el que el gobierno de las élites acabó por tomar el nombre de democracia sólo fue posible gracias a los medios de comunicación.

El propio Hume se sorprendía, allá por el siglo XVIII, en uno de sus ensayos “Los primeros principios del gobierno” del gran poder de la opinión pública para hacer que unos pocos gobernaran a la mayoría:

“Nada hay más sorprendente para quienes consideramos con mirada filosófica los asuntos humanos que la facilidad con que los muchos son gobernados por los pocos, y la implícita sumisión con que los hombres resignan sus sentimientos y pasiones ante los gobernantes. Si nos preguntamos por qué medios se produce ese milagro, hallaremos que, puesto que la fuerza está siempre del lado de los gobernados, quienes gobiernan no pueden apoyarse sino en la opinión. La opinión es, por tanto, el único fundamento del gobierno, alcanzando esta máxima tanto a los gobiernos más despóticos y militares como a los más populares y libres” (pag. 29)

Y eso que Hume, inspirador del propio Madison no podía siquiera atisbar el manejo de la “opinión” que harían los gobiernos representativos con los medios de comunicación de masas.

Lippman, el famoso editorialista al que tantas veces se refiere Chomsky, fue uno de los principales teorizadores sobre la relación entre la democracia liberal y los medios de comunicación a principios del siglo XX. Para Lippmann el público tenía que ser colocado en su lugar, no se podía permitir que los políticos se vieran arrinconados y pisoteados por “el rugido de una multitud desconcertada”. El papel de las masas era el de “espectadores interesados en la acción”, nunca el de protagonistas y “si el Estado carece de la fuerza para coaccionar y puede escucharse la voz del pueblo, es necesario asegurarse de que la voz dice lo correcto” [6]. Así, dirá Chomsky, los medios de comunicación son a la democracia lo que la cachiporra a las dictaduras.

Las democracias liberales, es decir, los sistemas políticos que corresponden al capitalismo, necesitan más que ningún otro utilizar los instrumentos de persuasión para dominar y someter.

Los medios son el principal instrumento de legitimación de unos sistemas de gobierno esencialmente injustos y desiguales. Porque estos sistemas se sostienen gracias al “consentimiento”. Es verdad que cuando el pueblo deja de consentir se vuelve a recurrir a la fuerza, siempre que sea necesario, todavía, los mecanismos de dominación ideológica son el recurso más habitual, o una combinación de ambos.

Sin embargo, si decimos que los medios son la clave del sistema de dominación es porque no son solo medios. Cuando hablamos de medios de comunicación tenemos en realidad que hablar de empresas mediáticas, de Consejos de dirección de esas empresas, con nombres y apellidos, de bancos que tienen acciones en esas empresas, de otras empresas de petróleos, de automóviles, de ocio, etc. que tienen acciones en esas empresas mediáticas y que necesariamente condicionan qué se trasmite y cómo se trasmite la información en la prensa, la televisión, internet, etc.

Cuando los medios de comunicación “hablan en nombre de la democracia” en realidad tenemos que ser conscientes de que “hablan en nombre de su empresa” o de las empresas a ellos vinculados, o mejor, que nos habla el capital. Y que más allá de los barnices que empleen jamás defenderán posiciones contrarias al mercado que es su padre y su madre a la vez.

Por ello que más que hablar de manipulación mediática, tendríamos que hablar de la razón mediática, ya que lo mismo que políticos e intelectuales echaron mano de las razones de estado para justificar las más cruentas represiones, es la razón mediática de la libertad de prensa la que se enarbola para persuadir y dominar a las poblaciones que se muestran favorables a sistemas populares.

Se ha necesitado construir todo un sistema de propaganda para que fuera efectiva la perversión que supone identificar capitalismo con democracia. Se puede hablar de un procedimiento manipulador que invierte la causa-efecto. No es la democracia la que genera un sistema económico (el mercado) como nos quieren hacer creer, sino al contrario, es el capitalismo el que da lugar a un sistema de gobierno delegado, representativo o como lo llamaría Macpherson de “democracia liberal”. [7]

Cortazar decía en una intervención en Madrid en 1981 que si algo caracteriza al fascismo y el imperialismo es su habilidad para apropiarse de los términos y convertirlos en consignas de su ideología. Podríamos sustituir los nombres de fascismo e imperialismo por el de capitalismo y la aserción funcionaría igual [8].

En Venezuela el golpe de los empresarios y los medios del 2002 se dio en nombre y bajo la consigna de la democracia.

Los medios de comunicación, las empresas mediáticas venezolanas, apoyaron el golpe, los medios de comunicación españoles también; especialmente el grupo PRISA que saludó al jefe de la patronal como un “hombre tranquilo”. Los medios españoles trataron de convencernos de que un golpe de Estado era un gesto democrático. Parece que han tenido sus éxitos entre la población española, pero no así entre la venezolana .

La lucha por la democracia es la lucha contra los medios de comunicación.

Todo lo anterior nos lleva a la segunda enseñanza: Que la batalla contra los medios de comunicación es una de las más importantes a favor de la democracia.

De la misma forma que no es correcto decir que los sistemas modernos sean democracias ya que como decíamos su más precisa descripción sería la de sistemas de gobierno representativo, los medios de comunicación tienen poco o nada que ver con la democracia. Las máximas con las que se adorna el ideario mediático –pluralidad, neutralidad, rigor etc.- no pueden ser otra cosa que consignas de la matriz ideológica que les sostiene. Ninguna de ellas podría ser cierta porque dejarían de ser los medios adecuados al sistema económico al que sirven y del que son parte.

Los medios de comunicación modernos se han convertido en uno de los principales obstáculos para alcanzar la democracia, no porque defienden los intereses del capital, ni porque sean instrumentos fundamentales de las políticas liberales, sino porque sus intereses propios son los intereses del capital. No puede ser de otro modo. En este sentido, pedirles que no manipulen es como el cuento del alacrán y la rana (Un alacrán y una rana se encuentran a la orilla de un río que han de cruzar y el alacrán le pide a la rana que le ayude a cruzar el río bajo la promesa de que no la picaría, la rana accedió a llevarle sobre su lomo, pero una vez en el otro lado, el alacrán picó a la rana y ante el estupor de ésta el alacrán le dijo “no puedo evitarlo, es mi naturaleza”)

La situación que se está dando al interior de Venezuela con los medios no estatales y especialmente la que se da fuera, en concreto en el Estado español, no es nueva. Se trata de ataques constantes y sistemáticos contra el presidente venezolano y contra la democracia venezolana, una guerra en toda regla; y existe un precedente claro, el caso de Cuba.

Hace unos días el ministro de información de Venezuela se dirigía al diario El País acusándole de parcialidad y manipulación. Decía que durante el 2007 este periódico había calificado sistemáticamente al presidente de Venezuela de “autoritario” “dictador” “totalitario” etc. , que en tres meses, de enero a marzo del 2008 había publicado 142 artículos sobre Venezuela (2,4 artículos diarios) todos ellos con claras tendencias denigrantes y contrarias al gobierno venezolano.

Desde hace unos años venimos trabajando sobre las estrategias del grupo Prisa y en concreto El País en relación a Cuba y es sorprendente que el artículo del sr. Andrés Izarra, señale estrategias manipuladoras que nosotros tenemos catalogadas en el caso de Cuba por ejemplo: el sobre dimensionamiento, la personificación y demonización, la descalificación, la imagen de caos, etc.

Muchas de las técnicas de manipulación que se están empleando con Venezuela se llevan años empleando contra Cuba. Anne Morelli analiza los ejes propagandísticos que se utilizaron en las guerras mundiales y señala que la secuencia que sigue la propaganda de guerra es: personificar, demonizar y aislar para poder intervenir luego militarmente [9]. En el caso de Venezuela nos encontraríamos en la tercera fase, aunque bien es cierto que las agresiones se producen aunque todavía no se haya conseguido completar el aislamiento. La experiencia cubana es vital en este sentido. A pesar de la guerra mediática que ha ido siempre en paralelo a las agresiones (intento de invasión, bloqueo, acciones encubiertas contra la población y su presidente, etc.) no han conseguido que sea un país aislado y desconocido, especialmente entre los países latinoamericanos y los países pobres en general.

La batalla contra los medios no se puede librar desde los medios.

La tercera enseñanza que quería extraer de la recuperación del poder popular en Venezuela podríamos resumirla en una frase que cerraba los programas de la televisión local de Marinaleda hace unos años: “apaga la tele y sal a la calle”.

Uno de los hechos más extraordinarios ocurridos en lo que llevamos de siglo XXI fue la reapropiación de la democracia. La democracia que se intentó arrebatar al pueblo venezolano el 11 de abril del 2002 -no a través de las urnas sino por un golpe de Estado-, fue recuperada en las calles.

¿Qué es lo que llevó al pueblo a defender a su presidente y el sistema que estaba emergiendo? Pues que se creyó aquello de que la democracia es el “gobierno del pueblo” o “de los pobres” y al creérselo desbarató el engaño de las democracias liberales y descubrió la cortina mediática, algo que algunos medios como El Pais jamás perdonarán al pueblo venezolano.

La lucha activa hizo que el pueblo venezolano despertara siendo votante y se acostara siendo pueblo. Mientras que en los sistemas representativos se construye la legitimidad del gobierno sobre la base de un único acto: las elecciones, en una democracia el concepto de legitimidad (entendiendo por legitimidad la justificación del ejercicio del poder, la aceptación de a quienes corresponde gobernar), no pude ser sólo el acto de votar. En una democracia el centro de gravedad se traslada del hecho electoral a la fábrica, la escuela, el barrio… Si no es así, no estamos hablando de democracia, estaremos hablando de gobiernos delegados, representativos, elitistas, liberales, pero no de gobierno del pueblo. La esencia de la democracia no puede ser otra que el poder popular.

Por otro lado, este poder tiene que ser constantemente retomado. Ese fue otro de los descubrimientos de los acontecimientos de abril del 2002. Es necesario un proceso constituyente que sea permanente porque se trata de una guerra con muchos frentes que deben ser cubiertos todos al tiempo. No basta con tener en el gobierno a aquellos que creemos no nos traicionarán, o que son dignos representantes de la voluntad del pueblo, hay que articular mecanismos que impliquen al pueblo en las tareas de gobierno. Es la forma de defender la democracia que es lo que lleva haciendo el pueblo venezolano desde que llegó al poder y por lo que la guerra mediática no cesa contra él.

Otro de los hechos más singulares desde la recuperación del poder popular en Venezuela es la continuidad. El fracaso del golpe de Estado hizo que los venezolanos permanecieran constantemente alerta. Los medios de comunicación y la presión de los gobiernos liberales no han conseguido restaurar el “truco mágico” por el que se convierte a golpistas en demócratas.

Naomi Kleim habla en un excelente corto de la “doctrina del Sock” [10], una doctrina expuesta en los manuales de la CIA, teorizada por Milton Friedman –ganador del premio nobel de economía en 1976, asesor de Pinochet, Reagan y Tacher-, nos dice que, desde los años sesenta los estados unidos descubrieron que sometiendo a las poblaciones a fuertes shocks (guerra, torturas, golpes de estado) se les ablandaba lo suficiente como para que aceptaran después todo tipo de medidas de ajuste económicas especialmente. La investigación que realiza concluye diciendo que la única forma que tienen los pueblos de defenderse de estos ataques, de las situaciones traumáticas a que son sometidos, es sabiendo cómo funcionan, descubriendo por qué y para qué se hace y también restableciendo las comunicaciones entre todos, no quedando aislados. Eso fue lo que hicieron los venezolanos esos días de abril, hicieron fracasar la “doctrina del shock”.

En Venezuela se recompuso la relación significante-significado. La democracia dejó de ser una consigna adquirió valor real y no solo nominal. Esto es lo que convierte a Venezuela en un peligro para los sistemas liberales.

Cuando analizábamos las estrategias de manipulación mediática en el caso de Cuba nos preguntábamos ¿qué es lo que hace que Cuba sea tan peligrosa si ni siquiera tiene recursos naturales ni es un valor geoestratégico para el imperio? En el caso de Venezuela nos podemos quedar con la sencilla respuesta de que se trata del control del petróleo pero esto es sólo una respuesta parcial, que no explica tanta agresividad dentro y fuera.

Decía Atilio Borón que la verdadera contraposición no es Capitalismo o socialismo sino Capitalismo o democracia. Pero no creo que se trate de reinventar la democracia sino de hacerla efectiva, como dijera Ricardo Alarcón [11], “de luchar por la democracia”, es decir, porque sean las mayorías las que hegemonicen la política, bien es cierto que, siempre que sea posible sobre la base del diálogo y el consenso, pero si no, las mayorías están legitimadas para crear las condiciones para que se puedan dar las promesas de justicia social y respeto a los derechos universales.

Es curioso que, a pesar de que existen muchas voces de izquierdas, dentro y fuera de Venezuela que son conscientes de la imposibilidad de reformar unos medios de comunicación que nacen y se reproducen gracias al capitalismo, que son ellos mismos el capital, a pesar de todo, siguen defendiendo que no se debe controlar a los medios de comunicación. Quizá acabemos todos como la rana del cuento. Para que no muramos envenenados no queda otra solución que construir otros medios y esto a su vez no es posible sin construir otro sistema, porque los medios actuales son irreformables.

Los medios de comunicación no sólo hacen la guerra a los gobiernos poco manejables, le hacen la guerra sobre todo a los pueblos. Como dice S. Alba el capitalismo funciona sembrando guerra y destrucción en una suerte de “pedagogía del voto”, es decir, que para enseñar a la gente que debe votar por los que defenderán el capitalismo es necesario antes someterla mediante la guerra, el golpe de Estado, las torturas… Venezuela con la recuperación de la democracia el 13 de abril de 2002 supo contraponer a la pedagogía liberal del golpe de Estado la pedagogía de la calle.

Ya decía Hume “De todas las clases de hombres, la más perniciosa es la de los forjadores de utopías cuando tienen en su mano el poder” esta frase recoge como ninguna la explicación del veneno que los medios lanzan diariamente contra un presidente elegido democráticamente.

Angeles Diez es Doctora en Sociología. Profesora de la UCM en la Facultad de CC. Políticas y Sociología.

Madrid; 11 de abril de 2008

_

[1] B. Manin, Principios del gobierno representativo, ed. Alianza; Gargarella, Nos, los representates, ed. Miño; Hermes, En las fronteras de la democracia; FCE

[2] El federalista, nº 10 Fue publicado el 22 de noviembre de 1787 bajo el seudónimo “Publius”

[3] “Como término de autodescripción política la palabra “demócrata”, no reaparece en ninguna lengua europea occidental hasta finales del siglo XVIII, y cuando aparece lo hace como antítesis política de “aristócrata”, no para designar gobiernos del pueblo.

[4] J. Dunn, La agonía del Pensamiento político occidental, Cambridge university press.

[5] Aristóteles, La política, Austral, p. 163

[6] Chomsky, N., El miedo a la democracia”, p. 335; Lippman, La opinión pública, ed. Langre

[7] Macpherson, La democracia liberal y su época; Alianza Editorial.

[8] Cortazar, Libertad y democracia para Argentina, El país, 8 abril, 1981

[9] Anne Morelli, Principios elementales de la propaganda de guerra, Hiru

[10] Klein y Cuarón, http://www.youtube.com/watch?v=cvG0gbvZ4tY . El corto corresponde a la investigación recogida en el libro La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Paidos. Para más información: http://www.naomiklein.org/shock-doctrine

[11] Presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, su libro La lucha por la democracia en Cuba, Hiru, es de gran valor para entender el sistema político cubano.

Angeles Diez

 

Rebelión

Fuente: www.rebelion.org

[Este texto se puede tergiversar, no es la intención del No Mas Mentiras]

 

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